Mis piernas no podían dejar de correr, sentía como corría la adrenalina por ellas y como las alimentaba para que no pararan al igual que las lágrimas caían por mi rostro. Notaba que algo malo iba a pasar después del instituto y ese algo había pasado. Salí de clases y mi mejor amiga me llevó a la universidad de mi novio. Me adentré al gimnasio, me senté en una grada dónde el entrenador no me viera y observé cómo Javier entrenaba de defensa. Él no sabía que estaba aquí, quería que fuera una sorpresa por nuestro primer aniversario. Él aún no me había felicitado, no me había enviado un mensaje ni me había llamado pero pensé que había sido por todo el estrés del primer año de universidad y por los entrenamientos. Después de una hora y media, todos los jugadores se dirigieron a los vestuarios para ducharse y yo bajé de la grada y le esperé fuera para que me viera entonces lo vi. Vi cómo la persona que supuestamente era mi novio se besaba hambrientamente con una de las animadoras rubias de bote del equipo. Tenía que reconocer que la chica era guapa, era rubia con ojos marrones y más curvas de las que yo podía presumir pero ni él ni ella tenían ningún derecho a hacerme esto, sobre todo él. Me aparté de la pared desde donde lo estaba viendo todo y me acerqué al coche de Javier. Cuando ambos se saciaron de devorarse, Javier se acercó a su coche con una sonrisa en su rostro hasta que me vio.
-Clara, ¿desde cuándo estás aquí?-me preguntó con una ceja fruncida. El muy capullo no era capaz de admitir directamente lo que había hecho, sino que fingía como si nada hubiera pasado.
-Desde que comenzaste el entrenamiento, Javier-le contesté. Nunca le llamaba Javier acaso de que le echara de menos o estuviera enfadada con él.
Javier tragó saliva fuertemente. Por fin se estaba dando cuenta de que podría haberle visto.
-¿Y qué te ha parecido?, ¿juego bien?-me preguntó. Él no iba a decirme nada. Maldito mentiroso.
-Javier deja de hacerme preguntas y dímelo. Atrévete a decirme lo que acabas de hacer o lo que me figuro que llevas haciendo desde verano o antes-le dije. No tenía muchos atributos en los que se refería a mi belleza pero nada ni nadie conseguía agrandarse sobre mí y menos mentirme si yo misma descubría la mentira.
-¿Lo has visto?-preguntó con un suspiro. Estaba poniéndome nerviosa con todas sus preguntas.
-Dilo-le obligué.
-Llevo poniéndote los cuernos desde el viaje a Ibiza-me contestó por fin. Desde ese viaje hacía cuatro meses.
El dolor comenzó a manar interior al igual que la rabia, pero ésta era mucho mayor que el dolor que sentía. Ya lloraría más tarde en mi casa o en un lugar escondido pero primero le dejaría las cosas claras a Javier sin montar un escándalo, no le iba a dar el gusto.
-¿Por qué no me lo has dicho?-le pregunté.
-Porque te quiero-me contestó mirándome sincero. Esa sinceridad no iba a causar nada en mí o no lo iba a permitir.
-¿Tengo que creerte?
-Por favor, Clara, escúchame. Sé que me he equivocado, que no debería haberlo hecho pero te echaba de menos y caí en manos de la primera chica que me daba cariño cuando tenía unas copas de más-me dijo Javier sonando arrepentido en su pequeño discurso pero ese discurso había tenido un fallo, un gran fallo.
-La bebida hace que hagamos cosas que no queremos como pelearnos con alguien o llegarnos a emborrachar completamente pero la conciencia sigue ahí y si de verdad me quisieras como siempre me has dicho te hubieras detenido-le repliqué.
Javier me miró. Esos ojos color chocolate atravesaron una de mis barreras pero no iba a atravesar más, no cuando vi cómo la chica rubia de antes venía hacia nosotros sonriendo.
-Cariño, ¿nos vamos?-le preguntó cogiéndole de la mano.
Javier había estado saliendo con las dos a la vez, ¿cómo no me había dado cuenta antes?
-Clara...-me llamó Javier sin hacerla caso. Me giré y le dije antes de que cayera a sus pies:
-Javier, lo nuestro ha terminado-y salí corriendo. No sé cómo habría reaccionado la chica al enterarse de había estado jugando con las dos. A lo mejor ella lo sabía y lo aceptaba, a lo mejor solo le daba el placer que yo no le quería dar o a lo mejor la chica había sido una víctima del engaño de Javier como yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario